Se acerca mi cumpleaños. Siempre he sido de las intensas que lo espera desde que acabo, hasta que llega el siguiente. No hay nada que me emocione más que las muestras de cariño de toda la gente importante en mi vida. Cada vez se acercan más los 30. Yo soy partidaria de la idea de que el número no importa, pero es un hecho que asusta.
Muchas cosas han cambiado su curso. Los objetivos ya no son los mismos. Y aunque tantos años suenan mucho y parecen poco, he estado pensado qué es lo que esperaba para mi vida.
Es mucho más fácil enfocarnos en lo que falta, que en lo que hemos conseguido. Pero como yo amo mi cumpleaños, decidí que ni los 30 me van a asustar y tampoco voy a dejar pasar desapercibidos los veintisiete.
A mis casi 27, puedo decir que soy una mujer muy afortunada. En todos los aspectos. Nací rodeada de amor. Día a día fui descubriendo el mundo y gracias a la educación, los detalles y el ejemplo de mis papás se fue forjando mi carácter. Un carácter intempestivo y algunas veces complicado, pero que me hace ser como soy. Cada meta, cada objetivo, cada sueño se ha cumplido. No me he quedado con ganas de nada, siempre he contado con el apoyo para todas y cada una de mis locuras. Me enseñaron a conseguir lo que quiero, siempre y cuando luche por ello. Aprendí que la meta es casi tan importante como el camino que se recorre para alcanzarla.
He tenido la fortuna de compartir mi vida con gente muy valiosa. Crecí con amigos que son como mi familia, con primos que son como mis hermanos y mis hermanos que son mis cómplices y mis aliados a cada paso que doy. Tengo la suerte de que mi mamá es también mi mejor amiga. Soy muy dichosa de haber encontrado gente tan valiosa en el camino, gente parecida a mi y gente totalmente opuesta, que me han dado las mejores horas de mi vida. He comprobado con mis ojos que los milagros suceden. He sido testigo de que hay gente mala, pero el destino me ha demostrado la bondad humana.
He buscado en todos los rincones lo que me gusta y lo que me apasiona. Estudiando, viajando, escuchando, oyendo, hablando, leyendo, haciendo planes que no siempre se realizan...
Cada día aprendo una lección nueva. Conozco algo más de mi. Decido que es lo que quiero y que es lo que no. Cometo todos los errores que prometí nunca hacer y repito otros, que pensé que ya había aprendido.
Vivo agradecida con la vida, con Dios y con el destino. Por ponerme en el lugar exacto, en el momento justo. Por ofrecerme las oportunidades y mandarme las señales que puedo percibir para tomar las decisiones correctas. Por dejarme apreciar la música y los silencios. Por hacer que cada año de mi vida sea especial. Por hacer cada día único y cada minuto definitivo.
Constantemente hay cosas que nos gustaría cambiar. Pero a mis casi veintisiete puedo decir que he amado con toda la pasión y locura, he compartido mi alma y mis alegrías. He sembrado en tierra fértil y recogido las riquezas de la vida, que no son fáciles de explicar con palabras.
A todos los que han hecho que cada año cuente, que completan mi existencia y que hacen del mundo el lugar más increíble para vivir: les agradezco infinitamente. Nunca pedí por más!
La existencia de los que logran hacerte sentir así no sería la misma si no estuvieras a su alrrededor.
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