Ayer por la noche, tuve el privilegio de escuchar al Gran Rabino de Israel, Meir Lau. Sobreviviente del campo de exterminio de Buchenwald. Vino a México a prender la flama eterna del nuevo Centro de Estudios del Holocausto para jóvenes y niños.
He tenido la suerte de escuchar a varios sobrevivientes del Holocausto en mi vida. Debo admitir que mi opinión acerca de estos testimonios ya estaba un poco viciada. Pero ayer volví a emocionarme. Recordé la razón por la cual he dedicado mucho tiempo al estudio de este tema.
Como introducción a la plática, se proyectó un vídeo. La historia del pequeño Jack, que fue sacado con engaños y colmado de dudas de su hogar en Salónica, Grecia. Llegó a Aushwitz, sin hablar el idioma y sin siquiera imaginar el destino que lo esperaba, a él y a su familia.
La historia me pareció conocida. Pero a decir verdad, las seis millones de historias de las vidas humanas que fueron inmoladas bajo el yugo nazi se parecen entre si. Dudas, tristezas, familias separadas, hogares destruidos, incertidumbre, miedo, hambre, frío extremo, o calor, enfermedades, y luego una luz en la oscuridad. Una oportunidad, un error en el sistema, un alma caritativa y la historia cambió su curso.
La historia del pequeño Jack, me sonaba conocida, porque tuve la fortuna de escucharla de boca del mismo Jack. Hace poco más de un año, tuve una oportunidad única. Fui invitada a casa de Jack Handeli, sobreviviente de Salónica, en Jerusalem. Su mujer nos preparó galletas y escuchar su testimonio, ahí en su casa, en las paredes que habían visto crecer a la familia del señor Jack, fue una experiencia invaluable.
Después del pequeño vídeo, escuché al Rabino Lau. No habló de cómo lo llevaron al guetto de Piotrkov, ni como fue separado de sus padres y transportado a Buchenwald y cómo gracias a su hermano sobrevivió.
Explicó que para él, el Holocausto es una serie de iconos y de imágenes. Trenes, botas, ladridos de perros, rejas, caras sin nombres y algunas con nombres. Compartió su experiencia al volver a Buchenwald, después de que hubiera aceptado su cargo como Rabino de Israel. A pesar de haber prometido no volver nunca, ahí estaba, parado en medio de lo que había significado tanto dolor. Y encontró una palabra en la pared una barraca: Nekama. Que quiere decir venganza. Estaba ahí en frente de una comitiva de alemanes, que pedían que perdonara en nombre de todas las victimas, los crímenes que se habían perpetrado en los años de la guerra. Él no se sentía con derecho de perdonar. "Never forgive and never forget", era lo que siempre le habían enseñado. No podía olvidar los ojos de su padre la última vez que lo vio.
Siguió con su relato, hasta que contó que en 1981 se encontró con el alcalde de Nueva York, y este joven le dijo que él también era un sobreviviente. El Rabino se extrañó, porque no le salían las cuentas entre la edad y las fechas, así que le pidió una explicación al alcalde y este dijo que el objetivo de la Solución Final era exterminar hasta el último judío de la faz de la tierra. En caso de que el régimen nazi, hubiera cumplido su meta, él no estaría ahí. Así que él se sentía un sobreviviente.
Para concluir, dijo que no existe mayor venganza que la educación. Echar raíces, sembrar plantas y recoger sus frutos con el tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario