Hoy se celebra a todas aquellas personas que han dedicado su vida profesional a la enseñanza y formación de mejores seres humanos.
A lo largo de mi vida, he conocido muchos maestros que cambiaron mi vida, tocando mi alma. No siempre enfrente de un salón de clases, si no predicando con el ejemplo. Enseñándome cómo se hace, para que yo repitiera ese patrón hasta convertirlo en una conducta.
Como toda la gente que entra en nuestras vidas, hubieron buenos y malos. Aquellos que dejaron su huella para siempre, otros que se ganaron mi admiración y algunos que simplemente dejaron un recuerdo muy tenue.
Les quiero agradecer hoy a esas personas que me enseñaron todo lo que sé, que me guiaron en el camino y en algunas ocasiones, me acompañaron en un tramo. A la maestra de historia que despertó una de mis pasiones, a la maestra de ilustración que convirtió mis bolitas y palitos en figurines, a la maestra de calculo que conocía mis limitaciones, a los maestros de gimnasia olímpica que desvanecieron las ilusiones de mi mamá por verme convertida en Nadia Comaneci, a Paquito el de la natación que nos sacó de la alberca tantas veces por estar haciendo complot en contra de los demás nadadorcitos. Ellos son algunos de los tantos que forjaron mi educación.
Pero en este día, en el que por trabajar en un Colegio, estoy paseando por mi casa, quiero darle las gracias a todos los que no son maestros, pero que me han enseñado las cosas más importantes de la vida. Eso que no se encuentra en los libros.
A los que me enseñaron a dar mis primeros pasos y a decir que me gusta y que no. Que me repitieron hasta el cansancio que no había nada más importante que el respeto hacia los demás y hacia mi persona. A tomar mis decisiones, aunque a veces necesito de su ayuda para reafirmarlas. A mis compañeros de vida que me enseñaron a compartir, a jugar y a perder. A los que me enseñaron el valor de un te quiero y de un no te quiero ver más. A quien me enseñó el amor desde todas sus perspectivas. Con quienes aprendí lo que es la amistad y que aunque no todas las historias son para siempre, todos entraron a mi vida por algún motivo y dejaron su huella. Viajes, recuerdos, canciones, risas, lagrimas, sueños, retos. Aprender a escuchar en lugar de oír, a observar en lugar de ver, a cerrar los ojos para entender la realidad.
Gracias por enseñarme a sentir, a pensar, a crear, a tener una opinión, a vivir y a disfrutar cada uno de los momentos que se presentan.
Gracias a todos los que me han marcado y me han ayudado a ser quien soy. Sin todos ustedes yo no sería la misma, la vida no sería la misma.
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