8 de agosto de 2011

Blanco y negro. Y gris...

En la vida, la sociedad y los individuos nos encargamos de etiquetar a las cosas y a las personas. Es una manera de clasificarnos y de clasificar a los demás. Pero no siempre hacemos justicia. No estoy hablando de los esteriotipos y prejuicios, con los cuales ya estamos familiarizados historicamente. Me refiero a los casos específicos, en los cuales encasillamos hasta a las personas que más queremos y admiramos.

No todo en la vida es blanco y negro. Hay matíces en todas las escalas. Y no solamente gris degradado. La mágia de la vida radica en la varidead de tonalidades que alcanza el pantone de una persona con todos sus colores. No somos solamente estudiantes, o médicos, o hijos, o padres, o diseñadores, abogados, deportistas, locos, inteligentes, flojos, bipolares, asesinos seriales, maestros, aprendices, pareja, o amigos. Todos los seres humanos somos muchas cosas a la vez. Y en cada momento de nuestras vidas estos títulos cambian. En un segundo todo cambia.

Alguien bueno, no es siempre bueno. Alguien malo, no siempre es malo. La esencia generalmente es la misma. Pero es un hecho, que dependiendo de las circunstancias y las facetas ante las que nos enfrentamos, vamos adaptandonos y cambiando.

Le he dado muchas vueltas a este tema. Y las personas tendemos a aferrarnos a la primera impresión que nos da alguien más. O a quedarnos con lo que nos han dicho de alguien, sin siquiera darnos la oportunidad de conocerle. Con esto, evidentemente no pretendo exponer un jucio moral y etico en cuanto a la conducta humana. Solamente quiero evidenciar de alguna manera, como es que nos acostumbramos a ver todo de una manera muy rígida. Lo negro es malo y lo balnco es bueno. Pero como nos enseña la filosofía oriental, el Ying Yang, acerca de la dualidad de todo lo que existe en el Universo. Lo opuesto, en algún punto se complementa. Además cualquier cosa se puede ver totalmente contraria si se ve desde otro ángulo, con otra perspectiva.

Hasta el individuo más frio y cínico, ama a alguien en lo más profundo de su ser. Así como hasta el más bueno tiene enemigos.
Hasta los mayores tiranos de la historia de la humanidad debieron tener alguna pasión. Alguna motivación afectiva que los llevará a alcanzar sus objetivos. Quizá no el amor puro, como nos han eseñado; pero tenían un motor, que no era solamente el poder. Tuvieron familias, amantes, pasatiempos (no se vaya a malentender mi punto. No digo que esto los exima de sus culpas. Los crímenes y las injusticias que cometieron, no son justificables en ningun grado, bajo ninguna circunstancia. Pero mi hipotesis radica en que no 24/7 estaban pensando y viviendo y transpirando odio).

Anilzar esto desde una perspectiva psicológica y sociológica debe ser muy interesante, pero a decir verdad yo no tengo ningun tipo de conocimiento en la materia. Lo único que yo busco exponer, es que en la vida no solo somos una cosa, o varias. Somos muchas cosas todo el tiempo, y así mismo estamos cambiando a cada segundo. Aunque moralmente yo no me atrevería a decir qué esta bien y qué esta mal, sí puedo asegurar que lo importante para la humandiad y para cada individuo, es ser la mejor versión posible de nosotros mismos.
Yo soy muchas cosas y en todas ellas busco siempre sobresalir. Debo admitir que a veces se me olvida o se me pierde el objetivo de quién quiero llegar a ser. Hay tantas opciones y tantas divergencias en el camino, pero al final, estoy muy orgullosa de lo que soy hoy y de lo que es mi vida. Evidentemente hay muchas cosas que me gustaría cambiar, pero por ahora, apreciandolo como un todo; soy una mujer muy afortunada!


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