6 de mayo de 2011

De expectaivas y otros menesteres

Las relaciones humanas son de lo más complicadas. Toda la vida, desde pequeños, nos han tratado de enseñar como funcionan, o más bien, cómo deberían de funcionar.

Desde que somos niños nos educan para que aprendamos a compartir. Para que respetemos lo de los demás. Todo comienza con las cosas más básicas.

Con forme va pasando el tiempo, todo empeiza a complicarse, y a pesar de que creemos que tenemos las bases para hacer funcionar cualquier tipo de relación, vivimos dentro de un error social.

Nos explican que todas las relaciones deben ser reciprocas; que siempre para recibir tenemos que dar. Pero simultaneamente nos aleccionan con el mantra: "nunca des esperando recibir".

Aquí llegamos a un punto crucial: las expectativas.

Todos los seres humanos tenemos expectativas que esperamos que se cumplan. Dependiendo de nuestras personalidades, cedemos o nos obstinamos. Pero es un hecho, que aunque no demos esperando recibir, tenemos ciertas expectativas a cualquier tipo de respuesta.

Por ejemplo, cuando damos un regalo, al menos en mi caso, no espero que se me regrese un año después, porque definitivamente dar es una de las cosas más gratificantes, ya que el obejtivo es hacer feliz a quien lo esta recibiendo. Pero la mente humana espera. Una reacción determinada, una respuesta; que nos demuestre que el objetivo de dar, se esta cumpliendo. Definitivamente no siempre pasa. En mi experiencia, podría atreverme a decir, que generalmente no pasa.

Todo esto ha estado dando vueltas en mi cabeza las últimas semanas.

Las relaciones son un ir y venir. Un dar y recibir constante. No hago referencia a cosas materiales (aunque es más fácil ejemplificar con ellas), yo hablo de todos aquellos detalles que representan más. De las pequeñas muestras que reflejan que alguien busca volverse partícipe y testigo de tu vida. Aquellos que denotan que cualquier persona que juega un rol importante, esta al pendiente de tus logros, éxitos, fracasos, alegrías, tristezas, los instantes que te hacen feliz y también en los cuales sientes que el mundo esta sobre ti y no encuentras la manera de aligerar el peso.

Para mí, esto no es mucho pedir. Son las reglas básicas que se me enseñaron en mi casa, desde que era una niña. Se dedicaron a transmitirme los valores fundamentales que tenemos todos como seres humanos. Es verdad, que con los años me he vuelto exigente. Pero acaso es mucha exigencia pedir exactamente lo que yo estoy dispuesta a dar? Más bien, eso que yo doy?

Sé que no soy una persona fácil. Sé que puedo ser conflictiva a veces. Pero nunca pido más de lo que yo estoy dispuesta a hacer. Mis expectativas son altas, pero no imposibles de cumplir.

De hecho, no soy una persona que pide. Sí espero, igual que todos los seres humanos y considero que doy por el gusto de dar. Me gusta compartir mi tiempo con los que amo. Me apasiona estar pendiente de los acontecimientos de la gente que me importa. Y que quede claro, no lo hago como obligación, porque así me enseñaron, lo hago por el amor que le tengo a las personas que me rodean.

Pero un día, nos levantamos y nos damos cuenta que ha llegado la hora de recibir. De recoger lo que nos hemos dedicado a sembrar. No quiere decir que vamos a dejar de dar. Pero cuántas veces la llamada que esperamos nunca llega? La persona que creías indispensable falta cuando más la necesitas? Aquel que para ti es una prioridad, te considera solamente una opción?

Tengo que reconocer que no es sano esperar. No es sano fijar expectativas. Pero son cuestiones que no se pueden evitar.

Yo no nací para guardarme todo lo que tengo que dar. Por más que lo intente, no lo voy a conseguir. Es parte de mi esencia. Sé muy bien, que tampoco voy a pasar mi vida esperando a que la gente actúe como a mí me gustaría.

Pero en ocasiones me encantaría poder decirle a las personas importantes para mí, que me están lastimando. Que me desepcionan y que a veces siento que no corresponden los valores primordiales que me inculcaron en mi casa: respeto, cortesía, interés, preocupación, lealtad y honestidad. A veces me encantaría poder expresar exactamente como me siento.

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