Oświęcim, popularmente conocida como Auschwitz, es una ciudad polaca situada aproximadamente a 50 kilómetros de Cracovia.
Si yo les preguntara qué han escuchado de esta ciudad, probablemente se remontarían a la Segunda Guerra Mundial, ya que en la ciudad de Auschwitz se encuentra una de las fábricas de muerte más grandes que han existido en la historia, el campo de exterminio donde fueron asesinados más de un millón y medio de seres humanos, su mayoría de origen judío, pero no en su totalidad.
La población demográfica de Oświęcim en la actualidad circunda al rededor de 41,000 habitantes en una superficie de 30.3 km2 .
Es una pequeña ciudad que ha sido testigo de momentos atroces en su historia.
En 1941 la mayoría de la población de Oświęcim y Brzezinka -conocida como Birkenau- fueron obligados a dejar sus casas por mandato de los nazis que querían mantener vacíos los al rededores del campo de concentración y exterminio. Quedaron entonces solamente 7,600 habitantes en la ciudad.
Una importante fuente de ingresos de esta ciudad en la actualidad, se debe al turismo. Centenares de personas visitan diariamente los monumentos, el museo y el campo de exterminio, tanto Auschwitz como Birkenau (también conocido como Auschwitz II).
Hace unos años, Darek Maciborek, un periodista oriundo de Oświęcim, tuvo una idea: organizar un concierto en su ciudad natal, para "romper el hechizo" de cómo se conoce y se proyecta Auschwitz en el mundo.
Este concierto, es un evento con causa: busca promover la paz, la tolerancia y la igualdad, comunicando un mensaje donde se incita a erradicar todas las formas de antisemitistmo, racismo y xenofobia.
Este fin de semana se llevará a cabo la cuarta edición del Life Festival Oświęcim (http://lifefestival.pl/en/about-festival).
Es la primera vez que yo escucho de dicho evento.
Al enterarme, por un tuit, me sorprendí. Me pareció una total falta de respeto que se lleve a cabo un evento de este tipo en una ciudad que hace menos de 65 años fue víctima y cómplice al mismo tiempo de tanta tragedia, dolor y sufrimiento.
A la fecha, segundas y terceras generaciones van a llorar la pérdida de familiares y amigos, de miles de historias que se quedaron sin contar, en aquella pequeña ciudad en el corazón de Europa.
La causa del concierto se me hace idealista y generalmente apoyo ese tipo de eventos, pero en esta ocasión siento que el foro es inadecuado.
Lo comenté con gente cercana a mi, algunos imparciales y otro que no pueden ser objetivos en el tema por su bagaje familiar y cultural. Las opiniones fueron distintas. Unos apoyan la causa, otros la critican y reprochan.
La línea que se puede llegar a perder entre un homenaje y la indiferencia, es muy delgada y frágil.
Es verdad que la memoria de una persona no se honra en un lugar físico, se lleva más bien en el interior de nuestro ser, donde quiera que vayamos, pero habiendo tantos lugares en el mundo, por qué hacer un concierto de rock, en un lugar donde todavía se puede sentir el terror y la melancolía?
Yo tuve la oportunidad de poder estar ahí y ver cosas que nunca pude siquiera imaginar. La vibra que se siente en cada uno de los rincones es indescriptible. Los pasos rompen un silencio que no debería ser interrumpido. Me senté en los escalones de la barraca número 18, escuchando la historia de un sobreviviente que pasó varios meses de su vida en ese mismo edificio, que antes se vestía de uniformes a rayas blancas y negras, y que en ese momento estaba lleno de jóvenes vestidos de azul.
Es un recinto tan solemne y es tan difícil explicar lo que uno siente al estar ahí.
A mi pensar, el antisemitismo, el racismo y la xenofobia no se extinguen con un concierto, al igual que la tolerancia no se propaga a través de la música. Hace falta mucho más que eso.
El proyecto de Maciborek es muy ambicioso y me imagino que es un foro que ha tenido mucho éxito, ya que se ha llevado a cabo en diversas ocasiones, pero yo me pregunto: cuántos de los asistentes participan realmente por la causa?
Al mismo tiempo, la causa va mucho más allá de un montón de palabras de paz, para los habitantes de Oświęcim, es una forma de decirle al mundo que están tratando de seguir después de lo que les tocó vivir.
Quizá no soy la persona más objetiva al expresar mi desacuerdo con el Life Festival, puesto que el lazo que tengo particularmente con el Holocausto, es mucho más fuerte que cualquier causa pacifista. Y por un lado, me duele que se deshonre un lugar tan imponente y significativo, pero por el otro despierta mi admiración las ganas de continuar, a pesar de una carga histórica tan pesada.
Generalmente tomo una postura, pero esta vez, me cuesta trabajo diferenciar lo que debe y lo que no debería ser.
¿Qué opinan ustedes?